Efervescencia electoral para una campaña sin pueblo

por Da Nilo

Efervescencia electoral para una campaña sin pueblo, como lo advirtió de forma brillante nuestro gobernador Rodrigo Mundaca. Una campaña dirigida por asesores que provienen de la Concertación, y que hacen ver ridículo al candidato imponiéndole, de la noche a la mañana, una narrativa mercurial.

Bajar del árbol, en efecto, significa «dejar de soñar». Pasar de la metáfora al pragmatismo que reproduce las gramáticas del orden. La mitología de la seguridad del pastor Carlos Peña. Entonces ¿qué fue octubre? ¿Una turba de saqueadores? ¿Un grupo de vándalos que dañaron la infraestructura crítica?

La izquierda es tan responsable como Piñera del momento fascista al que estamos asistiendo, en su incontrolable pulsión elitaria por ningunear al pueblo chileno. Ni qué decir de la nueva prórroga del Estado de Excepción en la Región de la Araucanía, bastión del pinochetismo, que es parte de la campaña que hace el Estado en favor de la extrema derecha.

Ahora, en este instante, solo el pueblo octubrista puede frenar el avance de pinochetismo, y Boric no es más que un instrumento de esa contingencia electoral. Pero jamás les aceptaremos que nos vengan a exigir abandonar el pensamiento crítico, o condicionarlo a una campaña que, en caso de ganar la elección, supuestamente nos libraría del conjuro oligárquico que busca ejecutar el «nuevo milagro chileno».

El pueblo octubrista no se puede dejar intimidar por la prédica moralista que, desde su púlpito, regurgitan los medios de comunicación, los mismos que invitaron al misógino de Johannes Kaiser a que «explicara» lo que «quiso decir» cuando celebró la violencia contra las mujeres. Sí, sarcasmos, pero el mundo popular sabe que «entre broma y broma, la verdad se asoma».

¿Qué más violencia que aquella que, desmaterializada, se ejerce sin tirar una sola piedra? Por supuesto que al pinochetismo hay que darle cara con todos los aspavientos que sean necesarios. Hay que expulsarlo de nuestros barrios, de nuestros hábitos, de nuestras vidas.

Que el pinochetismo es un enemigo de la dignidad, y que la elección presidencial es una de las tantas batallas que tendremos que dar contra su flagelo.