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1/2 AMBIENTE Y EL TPP11

20 de noviembre de 2020

Hace algunos días atrás hemos escuchado las declaraciones del Ministro de Relaciones Exteriores, Andrés Allamand que manifiesta: «Hoy hay evidencia que no estar en el TPP11 nos está causando mucho daño”. Con sus dichos, Allamand borra con el codo las multitudinarias manifestaciones a lo largo de todo Chile, en donde las y los ciudadanos han expresado su rechazo a este tratado que solo beneficia a las transnacionales. Por su parte, desde los movimientos y organizaciones ambientalistas, la voz coincide con las personas de a pie, ya que son varias las problemáticas que están estancadas: la privatización del agua, las zonas de sacrificio y una desertificación que avanza. De esta manera, hay ingentes problemas que exceden por mucho la miserable mirada que tiene el gobierno respecto, no solo del medio ambiente en su conjunto sino de los derechos humanos fundamentales y que constantemente son pisoteados por el sistema neoliberal que nos rige.


Este Conversatorio pretende abordar desde una mirada crítica el estado del arte y los posibles caminos ante la redacción de una nueva Constitución.

Con Joel Gonzáles, Activista Libres Alta Tensión
Camilo Mansilla, Coordinador metropiltano MODATIMA
Carolina Vílches, Candidata a Constituyente, Encargada Asuntos Hídricos de Petorca y de una Colectiva Hidrofeminista

Conduce el conversatorio: Rosa Alcayaga

Rezar ante el alza de luz en Chile es la solución

(1) Red de Bibliotecas Populares del Gran Valparaíso – Inicio

Y la luz sube una vez más en un 10% y resulta que el Ministro de Hacienda Felipe Larraín se burla de nuestra inteligencia, ¡nos pide rezar para que la economía cambie!, soslaya que son ellos junto a la nueva mayoría y gran parte del empresariado quienes definen, el cuándo, cuánto y cómo se modifican los precios de empresas estratégicas pasadas a manos privadas, y los ponemos a todos en un saco porque es imposible distinguir diferencia alguna entre ellos, amigos, familiares, compinches, hasta en lo más básico que son las rentas que ostentan los emparentan, la pregunta que cabe de cajón es solo bastará con cambiar nuetra constitución, o debemos pensar en sacar a los políticos corruptos y su parentela de todo el sistema quitándoles todo el poder?.

Agua, una urgencia impostergable

Por: Joel González Vega / Activista Socio ambiental / Vocero Movimiento Libres de Alta Tensión

Durante los últimos veranos, los vecinos de los sectores altos de la localidad de Olmué, apacible pueblo de la zona central de Chile, han tenido que convivir con la falta de agua potable o bien con su distribución a través de camiones aljibes.

Esta realidad lejos de ser una excepción a la regla, se ha convertido en un testimonio cada vez más frecuente, sobre todo en aquellos países donde sus Estados han privilegiado la permanencia de un modelo de desarrollo sustentado principalmente en la sobre explotación de bienes naturales finitos, sin considerar los impactos que el cambio climático está dejando en los ecosistemas. 

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Zona de sacrificio Quintero-Puchuncaví

Quintero era el balneario más lindo y visitado de la 5ta región en los años 40 y 50, pero todo cambio desde los años 60, cuando en el año 1961 fue fundado el cordón industrial de Quintero, Ventana y Puchuncaví. Este conflicto ambiental que ya cumple 57 años es uno de los 116 conflictos medio ambientales que hay en nuestro país donde la 5ta región y la 3ra región son los que tienen más conflictos. Seguir leyendo Zona de sacrificio Quintero-Puchuncaví

Quintero- Puchuncaví, el sacrificio de respirar

por Joel González / Músico, Poeta   /   Profesor, Activista socio ambiental.

No sorprende el constatar como a lo largo de la historia los territorios cambian su fisonomía. Los asentamientos humanos y sus actividades productivas van dejando una huella que en la mayoría de los casos no cautela cuales son sus diversos impactos en los ecosistemas, en el clima y en la biodiversidad, sin embargo, en Chile hoy existen comunidades que no decidieron convivir junto a un cordón industrial, ni a empresas que contaminan, no les consultaron como soñaban el futuro, ni mucho menos se les informó respecto a los inminentes daños y perjuicios que el lastre dejado por el desarrollo sería una carga que tendría costos, muchas veces irreparables, a su salud y a su calidad de vida. Esto es lo que quedó en evidencia el pasado 21 de agosto, tras la masiva intoxicación producida en Quintero, localidad cuyo nombre se debe al Español Don Alonso de Quintero, personaje de una época que relata un territorio fértil, rico en flora nativa, donde incluso durante varios años tras la conquista, sus habitantes lograron surtirse de alimento gracias a las bondades naturales que propiciaron la agricultura y la pesca.

En un principio fueron 30 estudiantes intoxicados con un gas de “origen desconocido” lo que alertó a la comunidad y a la autoridad que decretó la evacuación del Liceo Politécnico y los Colegios Santa Filomena y Alonso de Quintero. Finalmente la suspensión de clases en un estado de emergencia ambiental fue una de las medidas precautorias justificadas por las casi 400 personas intoxicadas, muchas de ellas menores de edad, adultos y mujeres en edad fértil. Han sido 50 años de contaminación emanada de un parque industrial que ha ido creciendo con el tiempo y que a la fecha ya cuenta con 15 grandes empresas en una bahía que incluso en su ordenamiento político alguna vez hermanó a Quintero y Puchuncaví como una solo comuna.

Tras el lamentable episodio, la prensa se agolpó en las calles de la ciudad, la misma que durante décadas en escasas ocasiones había publicado algo respecto a la situación de debacle ambiental vivida en la bahía, llegaron los Ministros, los Alcaldes tomaron el micrófono, llegaron Parlamentarios y el Presidente de la República tomó vocería desde un Estado que ha fallado y que ha sido cómplice benevolente frente al atropello de las empresas que han violado los derechos humanos de una comunidad que ha sido sacrificada con el único fin de mantener este polo productivo bajo estándares que no dan cuenta de las necesidades de quienes habitan el territorio.

Declaraciones apresuradas, informaciones contradictorias, desmentidos oficiales, interés por sacar provecho político, conflictos de interés, denuncias de encubrimiento y directivos de empresas cuestionadas evadiendo cualquier responsabilidad que los involucre en el hecho, sin antes hacer alarde de sus estándares de calidad en un territorio donde todo ha fallado y al parecer ha sido intencionadamente ineficiente.

Lo más visceral y obscuro del ser humano queda al descubierto, de un humano que no solo contamina desde las fumarolas de sus industrias, sino también desde su insaciable ambición y egoísmo. No es de extrañar que este desfile de personalidades se haya presentado como una caricatura surrealista que no se condice con la cruda realidad y necesidad de reparación que demandan los vecinos.

Lo que ha ocurrido recientemente en Quintero no es una excepción, ni mucho menos un hecho aislado, en un país donde las normativas ambientales son en extremo permisivas, donde la participación e injerencia ciudadana en la evaluación de los proyectos no pasa de ser un acto testimonial y decorativo, donde la media diaria de emanación de material particulado y dióxido de azufre sugerido por la OMS es ampliamente superado por la precaria restricción Chilena, en una bahía que ha tenido que soportar sobre sus aguas, sus tierras, en la sangre de sus habitantes, en el aire que respiran, en las vidas que están por nacer, un cóctel tóxico de arsénico, dióxido de azufre, 2-ethilexanol, derrames de carbón y diesel y recientemente metilcloroformo, isobutano y nitrobenceno, por nombrar algunos contaminantes a los que la población de Quintero y Puchuncaví han estado expuestos durante décadas, conviviendo al costado de empresas cuyos “altos estándares de seguridad” siguen siendo a la medida de la precariedad y la inoperancia de las legislaciones y normativas nacionales. 

Evidentemente Señor Santelices, la historia de esta Bahía diezmada por el cordón industrial es mucho más que taparse la nariz ante la amenaza de “olores ofensivos”, sino que es la construcción de vínculos desarraigados por el cáncer y otras patologías crónicas, de pescadores que saben que lo que extraen del mar es el germen de la contaminación de las empresas amparadas por el Estado y de madres que ven con incertidumbre el futuro de sus hijos.