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Una historia mínima con memoria histórica

por Guillermo Correa Camiroaga

En septiembre del año 2018 fue la primera vez que me acerqué a conversar con el artista popular “Kazán” en la esquina de la calle Blanco con Sotomayor en Valparaíso. En esa ocasión me contó que  Kazán era su nombre artístico, que nació en Santiago y desde chiquitito le gustó dibujar. Su nombre es Humberto, llegó muy pequeño a vivir al sector de Santa Inés, en Viña del Mar y solo estudió algunos años en el colegio, pero esto de pintar para él era algo de nacimiento, “yo nací siendo bueno para dibujar. Ahora esto me sirve para entregar mi arte y recibir unas monedas para poder vivir”, me comentó. En aquella ocasión el tema del dibujo realizado con tizas de colores sobre la vereda era “la cueca chora”.

Siempre que camino por el sector de Plaza Sotomayor me acerco hasta el lugar donde se coloca Kazán para saludarlo, conversar un poco y observar sus nuevas creaciones, ya que estas son muy “efímeras y todas los día que vengo dibujo algo nuevo con la explicación para que la gente que pasa por aquí también se instruya un poco”, me dice. En esta ocasión  nuevamente el tema de su dibujo era el baile de la cueca.

Desde hace algún tiempo comenzó también a realizar pinturas al óleo, sobre todo paisajes porteños en miniatura, plasmados en pequeños trozos de madera terciada a los que les coloca un pedacito de imán para que sean colocados en los refrigeradores.

Después de saludarlo y conversar un rato con este artista popular urbano seguí mi camino y media cuadra más adelante me acerque a tomar una fotografía a un mural con la imagen del cantautor Víctor Jara, precisamente porque hoy, 16 de septiembre de 2021, se cumplen 48 años de su brutal asesinato perpetrado con alevosía por integrantes del Ejército de Chile. Al mirar detenidamente el retrato me percaté que fue realizado el año 2019, cuando su canción “El Derecho de Vivir en Paz” se transformó en el himno de la rebelión popular que estalló enérgicamente el 18 de octubre de ese mismo año, pero además estaba firmado por Kazán. Esto me motivó a regresar para averiguar cómo se había gestado esta creación.

Transcribo a continuación el testimonio relatado por Kazán, que aún cuando es una historia mínima como he querido denominarla, considero que tiene una gran importancia ya que sin duda alguna es un pequeño trocito más del multifacético rompecabezas de nuestra memoria histórica.

Acabo de ver un mural con la imagen de Víctor Jara que está firmado por ti Kazán, me podrías contar cómo y por qué lo realizaste?

“Ah, sí, ahí en el restaurante, ese lo hice hace ya varios años. El dueño del restaurante es Allendista y me pidió que pintara a la Violeta Parra, a Víctor Jara a Allende y Pablo Neruda.”

¿La imagen la copiaste de alguna fotografía de Víctor?

“La imagen de Víctor Jara sale en todos lados y me la aprendí, al presidente Allende me lo sé de memoria, igual que a Neruda, porque cuando estaba en el muelle Prat hacía siempre a Allende y se vendía mucho porque lo compraban para llevárselo para el extranjero.”

¿Sabías que hoy 16 de septiembre hace 48 años que asesinaron a Víctor Jara?

“No, no sabía la fecha en que lo mataron, pero sí  sé que lo mataron los milicos y que incluso lo torturaron y le quebraron las manos, de pura maldad no más.

Mira, yo te voy a contar algo, yo no entiendo de política, pero a mí no me meten el dedo en la boca porque a Allende no lo dejaron gobernar. Mira, yo tengo 59 años, para el golpe de Estado tenía como 11 años y yo vivía en Quilpué en el Paradero 29 y medio, y jugaba a la pelota con tres cabros alemanes. En la muralla del patio tenían marcado un arco ahí y se nos cayó la pelota para dentro de la casa, la fuimos a buscar, yo tomo la pelota y miro a una pieza que estaba con la puerta abierta y me quedo con la boca abierta porque veo sacos de Rinso, sacos de Omo, harina, azúcar, mucha mercadería acaparada que tenían los momios y la señora me tomó del brazo, cerró de golpe la puerta y me echó para afuera. Ellos tenían plata, eran momios, tenían su auto y su buena casa y nosotros con mi familia éramos humildes, por eso yo sé que a Allende no lo dejaron gobernar, acaparaban las cosas y se hacían las famosas colas en esa época.

Al frente de la casa de los alemanes había una panadería y mi mami se levantaba como a las cinco, seis de la mañana para hacer la cola, con fogata porque Quilpué es helado, para comprar el pan para darme el desayuno y mandarme a la escuela, por eso yo te digo que a mí no me meten el dedo en la boca.”

Esta breve y potente conversación se transformó para mí en un valiosísimo ejercicio de memoria histórica, en una clase magistral de pedagogía popular que fue motivada por la imagen de Víctor Jara plasmada en un mural ubicado en la calle la calle Cochrane, a unos cincuenta metros de la plaza Sotomayor en Valparaíso.

Gritos del mar: Homenaje en Valparaíso a los últimos cinco compañeros detenidos desaparecidos en Dictadura

por Guillermo Correa Camiroaga

La Fundación Julio Guerra realizó este domingo 12 de septiembre de 2021 un acto en homenaje a los cinco combatientes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez que fueron secuestrados entre el 05 al 10 de septiembre de 1987 y desde esa época pasaron a formar parte de la abultada lista de Detenidas y Detenidos Desaparecidos, crimen de lesa humanidad que constituye una de las formas más siniestras del terrorismo de Estado implementado por la dictadura cívico militar en nuestro país. En esta operación participaron coordinadamente agentes de la Central Nacional de Informaciones (CNI), de la Brigada de Inteligencia del Ejército (BIE) y del Comando de Aviación del Ejército.

Esta actividad forma parte de un trabajo que vienen realizando distintas organizaciones de derechos humanos en la V Región, pero en este caso específico es una actividad llevada adelante por la Fundación Julio Guerra de Viña del Mar, con el apoyo de la Comisión de Derechos Humanos de Valparaíso, cuyo  objetivo es ir conformando una Ruta de la Memoria mediante la instalación de Placas y Memoriales que recuerden a las luchadoras y los luchadores populares asesinados, ejecutados o hechos desaparecer durante el período de la dictadura encabezada por Augusto Pinochet. Julio Guerra es uno de los 12 combatientes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez  asesinados en la denominada “Operación Albania” el 15 y 16 de junio de 1987.

La convocatoria realizada por la “Fundación Julio Guerra Olivares, Por el arte de Vivir con Dignidad”, organización popular de carácter cultural y social, denominó a esta actividad “GRITOS DEL MAR: LOS 5 EN LA MEMORIA”, manifestando que nada está olvidado, nadie está olvidado.

Esta ceremonia se llevó a efecto hoy a mediodía en la “Plaza de Los Loros”, ubicada a un costado de la Facultad de Odontología, por debajo de un recinto de la Armada y frente a la Playa Carvallo de Valparaíso, lugar hasta donde concurrieron familiares y decenas de compañeras y compañeros, quienes dieron vida a una emotivo acto político cultural que se inició con el impactante baile de la cueca sola realizado por Olga Jeria, hermana de un Detenido Desaparecido, coreografía que fue creada por la Agrupación de Familiares de Detenidas y Detenidos Desaparecidos (AFDD) precisamente para simbolizar la ausencia de los seres queridos.

Luego de esta poderosa y emotiva danza, María Antonieta Vega, conductora del evento, leyó uno a uno los nombres de los cinco compañeros desaparecidos: MANUEL JESÚS SEPÚLVEDA SÁNCHEZ – JOSÉ JULIÁN PEÑA MALTÉS- GONZALO IVÁN FUENZALIDA NAVARRETE- JULIO ORLANDO MUÑOZ OTÁROLA- ALEJANDRO ALBERTO PINOCHET ARENAS, y a medida que los iba nombrando las y los participantes coreaban con sus puños en alto  ¡Presente!

La música también formó parte de esta actividad, compañeros y compañeras entregaron su arte  interpretando hermosas  y combativas canciones.

A nombre de la Comisión Chilena de Derechos humanos hizo uso de la palabra Alicia Zúñiga, quien además integra el Concejo Municipal de Valparaíso, para expresar que “es un honor estar presente acá y quiero saludar a todos los compañeros y en especial a las compañeras familiares de Detenidos Desaparecidos que se encuentran hoy presentes en este acto de homenaje y memoria. Este es un acto para los cinco compañeros desaparecidos en septiembre de 1987 y quiero brindarle un gran abrazo a Verónica, puesto que este acto tiene un particular significado emotivo para ella y su familia. En ese sentido el estar acá haciendo este acto es un homenaje a nuestros compañeros en las diversas dimensiones que alcanzaron en sus vidas, hombres jóvenes llenos de fuerza, de todo ese ímpetu que los llevó a actuar sin vacilaciones en contra de la dictadura.”

Antes que se procediera a destapar la Placa en Memoria de Manuel Sepúlveda Sánchez,” un ciudadano porteño que fue parte de una historia trascendental para Chile”, como expresó la conductora del acto, la compañera Rosa Alfaro, Presidenta de la Fundación Julio Guerra, hizo uso de la palabra para manifestar:

“Es muy importante que cada uno de ustedes sea un mensajero de esta actividad y de este homenaje. Creo que de todos y cada uno de los compañeros Detenidos Desaparecidos debería haber una Placa o un Monolito. Es tarea de cada uno de nosotros recuperar esta Memoria en nuestra población, en nuestros barrios, en nuestras ciudades.

Hay que tomarse las plazas, la verdad es que nosotros hemos seguido una Ruta de la Memoria y nos hemos tomado las plazas, hemos pedido permiso para realizar los actos solamente, pero no para poner las Placas, así que es una tarea muy importante porque es nuestro compromiso con la memoria, porque el compromiso con los compañeros ya lo tenemos, estamos comprometidos eternamente con ellos, por lo tanto nuestra lucha es por la memoria y también por la justicia social.

Construir estos monumentos es necesario porque aquí en el entorno hay personas, hay una población que también tiene que saber quiénes son los responsables de las torturas, de los asesinatos. Más arriba hay un recinto militar, aquí estamos frente a ellos,  a cara descubierta y con nuestras manos limpias diciendo que seguimos en la lucha y no olvidamos.”

Verónica Bravo, cónyuge de Manuel Sepúlveda Sánchez, procedió a destapar la Placa de Memoria en donde está escrito: “HOMENAJE AL COMPAÑERO MANUEL SEPÚLVEDA DETENIDO –DESAPARECIDO EL 5 DE SETIEMBRE DE 1987”. Al cumplirse 34 años  del desaparecimiento de Manuel Sepúlveda, porteño de 28 años y militante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, honramos su memoria y tenaz lucha por la defensa de los derechos humanos. Fue detenido y desaparecido junto a otros militantes, a través de un operativo conjunto entre la C.N.I., Batallón de Inteligencia del Ejército y el comando de aviación del Ejército durante la dictadura cívico-militar. “Quiero mirar la tierra hasta encontrarte, que tenemos que hablar de muchas cosas compañero del alma, compañero”. Su esposa e hijo. Valparaíso 12 septiembre 2021”

Una vez descubierta la Placa en Memoria de Manuel Sepúlveda comenzó a escucharse la canción “Dónde Quiera que estés”, de Joan Manuel Serrat, que en parte de su letra dice: “dondequiera que estés te gustará saber que te pude olvidar y no he querido, y por fría que sea mi noche triste no echo al fuego ni uno solo de los besos que me diste…”produciéndose un momento emotivo y muy sobrecogedor.

Posteriormente un compañero a nombre del FPMR hizo entrega de una bandera de la organización a Verónica y se repartieron claveles rojos a las y los asistentes para luego bajar por las escalinatas de la plazoleta, atravesar la Avenida Altamirano y descender a la Playa Carvallo, lugar donde se lanzaron las flores rojas al mar. Las potentes olas que reventaban en las rocas de la playa emitiendo un sonido rítmico y levantando su espuma blanca, se transformó en un espacio y un grito de libertad  que recibió en su vientre las flores, abrazándolas y transportándolas  pausadamente mar adentro con su  oleaje. Como un símbolo más de esta ceremonia el color azul del mar, el rojo de los claveles y el blanco de la espuma se mezclaron formando el tricolor de la bandera del Frente Patriótico Manuel Rodríguez.

Los cuerpos de los cinco compañeros Detenidos-Desaparecidos fueron lanzados al mar frente a la costa de la localidad de Quintay, pero transformados en energía hoy son parte del inmenso mar que baña las playas de Valparaíso y las costas de todo Chile.

Una vez terminada la actividad me acerqué a conversar con la compañera Rosa para que me relatara como nació esta iniciativa, y esto es lo que ella me expresó:

“Nosotras consideramos que era muy importante colocar esta placa, aunque a la Vero le costó un poco asumirlo, porque es una manera de hacer un duelo, un rito, de saber que hay un lugar donde puedes ir a poner una flor, sobre todo cuando se trata de compañeros desaparecidos. Nos parece muy importante para las personas, para la familia, para los hijos, saber que hay un lugar determinado donde poder ir. Lo quisimos de hacer de esta forma, mirando el mar.

En la mañana se hizo un rito en la playa muy íntimo donde participó la Vero y unas compañeras. Allí se quemó una carta escrita para Manuel y aún cuando estaba lloviendo la carta no se apagó y siguió ardiendo. Eso fue como a las 10.30. A las once estuvimos acá arriba entregándole algunos mensajes al Manuel y después vino el acto.

Esto está lleno de simbolismos, no solamente para la Vero, para todos, porque igual esto de los compañeros Detenidos-Desaparecidos también es un duelo eterno. Y en estos casos todos sabemos lo que significa el mar.

Paradójicamente Manuel venía a esta playa a tirarse piqueros y le gustaba mucho nadar en el mar, entonces también es simbólico, el mar en un momento le dio alegría y luego se convirtió en su tumba.

Este acto lo planteamos cuando fuimos al cementerio para conmemorar la operación Albania y allí la Vero dijo, “qué pena que no tenga ningún lugar donde recordar a Manuel”, entonces allí nació la idea de hacer este Memorial, de colocar esta Placa en esta plaza.”

Con estos antecedentes me acerqué a conversar con Verónica Bravo, la compañera y esposa de Manuel Sepúlveda, para consultarle si era posible incluir un relato sobre la ceremonia efectuada durante la mañana, contestándome positivamente y transcribo a continuación lo expresado por ella:

“Con anterioridad a este acto público estuvimos con unas compañeras haciendo una ceremonia para despedir a Manuel en forma simbólica. Esta despedida fue muy importante, porque lo vamos a seguir recordando, pero ya no con tanto dolor, porque el siempre va a estar con nosotros en nuestros corazones. Yo hice una carta para Manuel donde escribí todo lo que sentía, lo que siento y eso para mí tuvo un significado my importante porque son cosas que tenía muy guardadas en mi corazón. Me quedé como un poco más tranquila, porque de alguna manera lo solté, lo dejé ir. La carta la quemamos como una forma de que se transformara en fuego, en energía y así estará para mí presente en cualquier lugar.”