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Comunidad y Comunicación: Recomponiendo Tejidos sociales

Viernes 25 de Septiembre

LA COMUNICACIÓN ES EL SISTEMA CENTRAL DE ACCIÓN QUE UNE A LOS DIFERENTES ACTORES Y GRUPOS SOCIALES.


El sistema neoliberal legitima su institucionalidad a través de la acción comunicativa ejercida a través del poder y el dinero, por tanto las oportunidades democráticas de cualquier comunidad dependerán de las relaciones que mantengan con las fuerzas políticas y económicas.

Por otra parte, la ecología de las comunicaciones en sí es una fuerza importante en la conformación de los resultados locales, creando redes sociales múltiples y oportunidades para la participación local en la vida cívica y pública, al conversar sobre temas políticos, firmar peticiones en línea, enviar correos electrónicos, entre otros. Y éstas son indiscutiblemente formas de comunicación política, pero no pueden sustituir al trabajo en el lugar, en el territorio, ya que es éste el elemento crítico en la participación cívica y democrática.

Serán pues, nuestrxs invitades quienes debatirán estas temáticas, en un momento relevante en la historia de nuestro país.

Con CUVIC
Conversaciones con la Puebla de las Rarezas Disidentes
Movimiento Viña de los Cerros
Fluja Disidente.

Conduce el conversatorio: De Maricas y Señoras

Mi humilde opinión sobre los Cabildos

Paloma de la Paz

Cabres; los “cabildos” son una instancia autoconvocada. No los contempla nuestra legislación como institución sistematizada, es decir; no los define, no los estructura, nada, solo hay una que otra referencia nominal en algunas ordenanzas municipales, pero nada más según lo que he estudiado (me puedo equivocar). Entonces, en el fondo son encuentros a los cuales se llega por un acuerdo en cuanto a su hora y lugar y donde usted puede conversar lo que se le plante en gana, el tiempo que desee y en la modalidad que quiera. Por eso ¡ojo!, si bien la metodología que circula podría ser un apoyo básico, una guía, hay que estar bien vivaldi de que no se los apropien sectores políticos añejos o que aquellas directrices no vengan desde la misma estructura que estamos intentando desarmar (gobierno/estado).
La palabra “Cabildo” es una reminiscencia histórica puesto que en la colonia cuando los españoles nos impusieron su orgánica de funcionamiento la única instancia a nivel local compuesta por criollos/”chilenos” (todos aristócratas obvio) eran precisamente los “cabildos”. En lo personal soy partidaria de dejar atrás nomenclaturas anacrónicas, desfasadas y manoseadas por ciertos segmentos de la población.
Estamos viviendo un momento histórico en que si la consigna AC se hace real y se materializa (como intensiono con toda mi alma), debemos exigir nuestra máxima creatividad, tendríamos la oportunidad de partir de cero, de hacer nacer nuevas formas de relacionarnos normativamente hablando. Por último, sepan que los cabildos no son vinculantes, es decir, el resultado de ellos no obliga a nadie, sin embargo, creo que es un ejercicio político y humano necesario, no solo por ser retroeducativo y porque en ellos nos estamos miramos a los ojos como iguales, sino también porque pueden ser el nexo con el futuro órgano que elijamos para el trabajo constintuyente que podría tener como base la sistematización que de ellos se haga.
Recuerde además que este proceso al que han llamado “inorgánico” al cual yo le llamo instintivo/pulsivo, que surje desde el hastío, nos pertenece a todes, por tanto también creo que es de vital importancia no generar distancias innecesarias entre intelectuales y “comunes”. Basta de mesas, foros y cagás verticales, la weá es conversar, escucharnos, y hablar y hablar todo lo que sea necesario.
Esto que nos toca es un trabajo largo y engorroso pero del cual no debemos echar un solo pie atrás. Tampoco debemos trasladar todo hacia las cabezas, la lucha sigue en la calle y con más fuerza. A controlar los egos y agradecer, agradecer, agradecer a las primeras filas y a las capuchas que abrieron el camino, a los cabrxs evasores por tirar la primera piedra, a lxs niñxs por mantener viva la alegría, a lxs abuelitxs por mostrarnos lo que significa la valentía, y así a un sin fin de seres determinadxs que han mantenido viva la llama.
¡A no decaer, lo podemos todo, a ser más autodidactas que nunca y socializar conocimiento y amor! 

Farmacias populares: un camino para sanarnos de la mercantilización de la salud

Por Álvaro Brignardello Valdivia  /  Presidente Asociación Pro Farmacia Popular para Placilla de Peñuelas

La emergencia del modelo de las Farmacias Populares, desde el Municipio de Recoleta bajo el liderazgo del Alcalde Daniel Jadue, no sólo se ha traducido en el acceso a precio rebajado de los medicamentos, en comparación con los precios a los que son vendidos por las grandes cadenas de farmacias, sino que también ha hecho realidad la eliminación del lucro en los remedios y en un más efectivo ejercicio del derecho a la salud.

Las Farmacias Populares no son un mero expendio de medicamentos baratos, como podría parecer desde una lógica meramente economicista. En su concepción, representan una alternativa a la lógica mercantil, que lo invade y lo abarca todo, en una economía neoliberal, evidenciando que existen otros modos posibles y viables tanto para la distribución como para el acceso a bienes y servicios vitales para el bienestar de las personas.

En este sentido, el modelo de Farmacia Popular, más las otras iniciativas puestas en ejecución desde el Municipio de Recoleta, como la Óptica Popular, y que han sido replicadas por otras Municipalidades, entre ellas la de Valparaíso, corresponden a políticas que se oponen al predominio absoluto del mercado en prácticamente todos los ámbitos de la sociedad, instalando la noción, en base a hechos concretos y viables, de que otro modo de organizar la sociedad es posible.

Cuando los sostenedores del modelo neoliberal aseguran que no hay alternativas económicas que puedan disputar la hegemonía del modelo, desde las Municipalidades surgen, a contracorriente de los cantos de victoria del neoliberalismo, iniciativas sociales que ponen el foco en las necesidades de las personas, constituyéndose en evidencia empírica de que podemos aspirar a vivir y a convivir de una manera distinta y mejor a la actual.

Desde esta concepción es que los habitantes de Placilla de Peñuelas, nos hemos organizado para que en nuestro territorio se instale, al más breve plazo posible, una Farmacia Popular. Desde nuestra localidad, creemos que los medicamentos no sólo deben poder adquirirse a precio justo, sin lucro, con acceso universal y sin restricciones de ninguna clase, sino que también deben ser accesibles en el propio territorio en el que residen las personas.

El Municipio de Valparaíso anunció la creación de una red de Farmacias Populares para la ciudad, inicialmente constituida por cuatro puntos de atención, uno en el centro de Valparaíso, otro en Laguna Verde, un tercero en Placeres y el cuarto en Placilla. De manera bastante inusual, en el anuncio realizado por el Municipio, se señaló que las comunidades debían realizar un aporte económico para poder cubrir parte de los gastos de instalación de la Farmacia, monto que para Placilla asciende a un millón y medio de pesos.

Más allá de las diferencias que, de manera legítima, se pueda tener con la exigencia de un cofinanciamiento para esta iniciativa, la Asociación Pro Farmacia Popular para Placilla de Peñuelas, ha puesto por delante las necesidades de la comunidad y se ha comprometido a colaborar para contar prontamente con una alternativa a las grandes cadenas de Farmacias.

Las Farmacias Populares han demostrado que es posible sanarnos de la lógica mercantil que hoy domina en muchos ámbitos de nuestra sociedad y que la construcción de un nuevo orden social, que ponga al ser humano y sus necesidades en el centro de su quehacer, es absolutamente viable, urgente y necesario.

Boletín Welukan

Red-tejiendo el Gran Valparaíso

Por Mario Recabal Marambio
Directivo de la Red de Bibliotecas Populares del Gran Valparaíso

 A casi 40 años de la lucha antidictatorial, se viene intentando rearticular el tejido social dañado por los consecutivos gobiernos post dictadura.  Desde finales de los ’70, en plena dictadura, personas -anónimas muchas de ellas-, intentaban articular formas de transformación social y de resistencia. Ello ocurría en los sectores más desposeídos y en donde la represión era más brutal; allí la alienación que generaba el sistema político impuesto era la constante diaria.

Sin embargo, la voluntad y convicción de que los cambios sociales son posibles solo con el trabajo colectivo de la sociedad, establecieron las bases para que se crearan Bibliotecas Populares en Chile. Ellas en parte se hicieron cargo del descontento, expresado en diferentes formas de acción: la educación, el trabajo colectivo, la inclusión y la solidaridad eran la constante de una recordada forma de hacer sociedad; se preveía un horizonte al cual se llegaría de la mejor manera posible.

Ello no sucedió: el advenimiento de la democracia trajo consigo su maquinaria, sus amarres y “acuerdos”. Con ello, algunos “actores” que fueron parte de estos espacios sociales concurrieron o fueron absorbidos por el nuevo gobierno concertacionista. De paso, el olvido de las convicciones que dieron vida a muchas de las organizaciones populares fue la constante, y los que por años fueron lugares de articulación social, comenzaron a desaparecer. La tarea al parecer estaba concluida: se había logrado sacar al dictador, y de ahí en más restaba readecuar las piezas y derivar hacia un sistema político-social que fuese para tod@s.

Sabemos que nada de eso sucedió, ya que, tanto en los sectores pobres y alienados, como en aquellos sectores “medios”, los sucesivos gobiernos no han tenido la voluntad de cambiar el sistema; al contrario: han profundizado las distancias sociales.

 En ambos casos el diagnóstico es claro y simple: la precariedad social, educativa y estructural es el pan de cada día y la desconfianza en los gobernantes y clase político-empresarial chilena un hecho.

 Por lo tanto, hoy a casi 40 años de las anteriores luchas, nuevamente se viene intentando rearticular el tejido social tan dañado por los consecutivos gobiernos post dictadura. Por medio de diversas organizaciones sociales, la ciudadanía quiere retomar las riendas de su destino. La Red de Bibliotecas Populares del Gran Valparaíso intenta, desde sus diversas miradas, entroncar hacia un camino ciudadano consciente, crítico, reflexivo y participativo. La Red de Bibliotecas Populares del Gran Valparaíso no es la excepción. Esta organización sin fines de lucro intenta, desde sus diversas miradas, entroncar hacia un camino ciudadano consciente, crítico, reflexivo y participativo. En la actualidad la constituyen ocho organizaciones territoriales, cada una de ellas con sus particularidades definidas por las dinámicas sociales del territorio en el cual está emplazada. Desde Quilpué por el norte, con la Biblioteca Popular ‘Roque Dalton’; en Viña del Mar, asentada en Achupallas; en El Surco, la Biblioteca Popular ‘Capitán Nemo’; arriba -casi en el límite de la ciudad- la toma Esperanza 2011 alberga a la Biblioteca Popular ‘Ernesto Guevara’; en Rodelillo, la Biblioteca Popular ‘El Esfuerzo’ y más arriba, en Santa Teresita, la Biblioteca Popular ‘Gabriela Mistral’; por la costa, en Caleta Portales, la Biblioteca Popular ‘Guillermo López’ y en Cerro Barón, la Biblioteca Popular ‘Simone Weil’, y la toma de Mesana en el cerro Mariposa, que constituyó la Biblioteca Popular ‘Walmapu’, es hasta el momento la organización más nueva de la Red.

En ellas voluntarios y pobladores de cada territorio trabajan con la idea de que los cambios pueden ser posibles, no desde el asistencialismo precarizante, sino desde el trabajo comprometido y constante bajo una mirada cooperativa, como forma de hacer el día a día y así lograr recomponer el tejido social del Gran Valparaíso.

El presente texto es parte del boletín Welukan, el cual puedes consultar pinchando en  la siguiente imagen: