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MUJERES GOLPEADAS, ¿SOLO POR EL COVID-19?

Viernes 16 de Octubre

El virus ha atacado al sistema y más aún a las mujeres trabajadoras, con sueldos bajos, con mayores horas de trabajo no remunerado, con la pérdida de las fuentes de ingresos al hogar, con el aumento de casos de violencia de género debido al confinamiento obligado, con el empobrecimiento de las condiciones de vida de nuestrxs niñxs con padres que no pagan pensión de alimentos y menos ahora debido al desempleo.

Sin embargo, el covid 19 no es lo único que afecta y persigue a las mujeres, también lo hace el patriarcado y el capitalismo mucho antes de esta pandemia. Recordar, además que entre el 1 de enero y el 9 de octubre de 2020 el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género ha registrado 29 femicidios en Chile, mientras que la Red Chilena contra la violencia hacia las Mujeres agrega 9 casos más.

Por último, como dato relevante, recordar el surgimiento en Chile del hashtag «#NoTenemosMinistra» en junio de este año, ante el nuevo nombramiento de Mónica Zalaquett, conocida por su postura contra el aborto terapéutico y el postnatal. Zalaquett sustituyó de forma exprés a Macarena Santalices, sobrina nieta de Pinochet, que renunció luego de 33 días en el cargo y varias decisiones controvertidas.

Con Emilia Cid, Activista. Pobladora Sab Felipe
Yani Araneda, Jta. Vecinos Sor Teresa. Cº Ramaditas
Evelyn Sáez, Cordón 7 cerros
Catherine Cáceres, Pobladora Cº Larraín
Dayana Olavarría, Investigadora. Movimiento Feminista.

Conduce el conversatorio: Ema Ugarte

Rezar ante el alza de luz en Chile es la solución

(1) Red de Bibliotecas Populares del Gran Valparaíso – Inicio

Y la luz sube una vez más en un 10% y resulta que el Ministro de Hacienda Felipe Larraín se burla de nuestra inteligencia, ¡nos pide rezar para que la economía cambie!, soslaya que son ellos junto a la nueva mayoría y gran parte del empresariado quienes definen, el cuándo, cuánto y cómo se modifican los precios de empresas estratégicas pasadas a manos privadas, y los ponemos a todos en un saco porque es imposible distinguir diferencia alguna entre ellos, amigos, familiares, compinches, hasta en lo más básico que son las rentas que ostentan los emparentan, la pregunta que cabe de cajón es solo bastará con cambiar nuetra constitución, o debemos pensar en sacar a los políticos corruptos y su parentela de todo el sistema quitándoles todo el poder?.

Apocalipsis Patriarcal

por Taira Pizarro

Desde los Medios en todo ámbito, se anuncia un cambio. La gente lo dice en la calle, algunos se resisten, pero, -¿podremos soñar alguna vez con soltar realmente ese amor posesivo que nos hace machistas?

En las nuevas comunidades en formación y consolidación, se vive de alguna forma un cambio de paradigma.

Mujeres que hemos sabido “salir adelante solas”, y no reemplazando al macho, ni menos excluyéndole, mas bien existe una decisión, un decreto mágico para el futuro. Queremos felicidad. Hemos soltado la pena, soltando el castigo, viviendo en libertad, amándonos y ayudándonos, aprendiendo de les otres y mostrando los dones sin culpas, con amor a la infancia, porque les niñes son de todes, porque si yo no quiero tener hijos, y mi vecina tiene y le cuesta, yo la ayudo. Es así como se asume la vida desde una nuevo lugar que intenta no victimizarse, pero que aún debe lidiar con los inevitables protocolos machistas de la institucionalidad, donde se trata a la mujer como un ser inferior incapaz de ser el jefe de hogar pues hasta en el mismo matrimonio se supone al hombre en el papel y ni hablar de una familia constituida por mujeres u hombres que no se sienten machistas…

“Estamos en una emancipación constante” escuché en un seminario de autogestión femenina, y sí, me hizo tanto sentido esta frase, que hasta hoy siento que debemos repetirla, para generar más tolerancia entre nosotres. Y esta respuesta de una constante evolución hacia una forma libre del ser mujer, se debe dar siempre cuando estamos exigiendo a nuestres pares, un comportamiento idealizado, criticando formas de vida y no permitiendo el error.  Sin dar el espacio a equivocarse que es como se hace la vida. Si tomamos el comportamiento machista de la sociedad, su lenguaje, por sobre todo violento y absolutista, con nuestres amigues que de pronto hacen comentarios que jamás pensamos harían sobre nuestras luchas. Y es que creo que al movernos desde la rabia y con desdén estamos repitiendo los mismos valores que tanto criticamos.

El reconocernos en un constante proceso de emancipación, estamos enalteciendo la lucha de toda mujer en cada uno de sus escenario, ya sea en una comunidad religiosa, levantando recién la voz para ser sacerdotisa o en una junta de vecinos, demostrando empoderamiento y organización al independizarse del sistema piramidal obligatorio de la sociedad civil patriarcal. Es así como se levanta un movimiento que, desde las  diferentes cuencas de marginalidad: Artistas, Homosexuales, Mujeres, Niñes, Abueles, y toda persona que no se sienta capaz de vivir feliz con este sistema del valor monetario y de la libre competencia, que deja siempre a un explotador y un explotado. Alza la voz desde el ejemplo, desde una mirada mucho más que pacifista, es una mirada que activa lo dormido, la creatividad, el amor propio, el respeto por la madre tierra, y son valores que el ecologismo y el humanismo recogían pero que en estas comunidades se vive y se dirige hacia la horizontalidad de forma abierta y participativa.

Hemos tenido que aprender el lenguaje de las instituciones pero estamos traduciendo nuestra horizontalidad para posteriormente establecer las comunidades no piramidales como otra forma de vida y de “persona” en la organización social, es más que un cambio de paradigma. La lucha de clases se basa en esa pirámide, y el feminismo la destruye, al construir con bases sólidas formas de vida no competitivas que estuvieron por miles de años escondidas.  Entonces creo que presenciamos el comienzo de una nueva era, quien sabe cómo se empoderará la madre naturaleza y de qué forma tomará lo arrebatado. Tendremos que todas juntes soltar la materia que tanto nos movía. Conocer nuevamente el mundo, desaprender  toda las culpas y esterilidades.

Sembrar nuestras semillas, buscar el agua en el aire, unirte a otres si lo necesitas, bullar por la justicia, animar a la alegría, trabajar en la igualdad, no violentarnos, reconocer el error propio, no exponerse a la violencia, no exponer a les niñes, crear, no apropiarse de la naturaleza, no destruirla, vivir adaptándose a sus formas y organizar nuestra forma de vida hacia la sustentabilidad.

Emancípate.

Feminismo mestizo desde los pueblos, me siento mapuche y haitiana

por Marjorie Huaiqui Hernández 

Mestizaje o puntos de unión entre el pueblo mapuche y haitiano a partir de la observación de mí misma dentro de la sociedad chilena y mapuche

Punto de partida

A partir de la identidad nacional chilena y observando la relación latinoamericana entre los pueblos de Latinoamérica, consideramos importante preguntarnos ¿qué hacer en el presente cuando la aldea global, las trasnacionales, el capitalismo y las consecuencias que estas generan en las formas de relacionarnos nos han impedido una convivencia en donde sean proclives los valores comunitarios y la construcción de las identidades en las personas? y también ¿cómo se visibiliza la identidad de los territorios más que el de los intereses impuestos para ejercer el control político?.

Es así como la estética y la palabra, prosa de la literatura que se va construyendo a diario en las creaciones de las personas, pobladoras, trabajadorxs, estudiantes y niñxs, de algún u otro modo van relatando otra ciudad y a la vez, otra comunicación con el sector o espacio en donde viven.

Contexto de migración forzada

A partir de mi experiencia de trabajo con pichikeche de Haití o niñxs haitianxs y conocer cada una de sus relaciones de inmigración: hacinamiento, violencia física desde sus padres, necesidades, precarización, migración forzada por desplazamientos coloniales consecuentes de una de las colonizaciones más agudas del continente.

Con estructuras políticas viciadas de gobiernos que operan desde los reinados con principazgos, cuál modernidad y realidad del príncipe de Maquiavelo.

En la actual situación de violencia, exclusión, disgregación y necesidades de todo tipo encubiertas en el refugio en Dios con religiones protestantes y adventistas de culto surge el deseo de migrar.

Esa misma realidad escuché en mi infancia de los relatos de mi familia mapuche, una continuidad de violencia que derivó en Santiago a construir una familia extensa porque el hermano o hermana que llegaba desde Lebu iba aportando con datos para trabajo, mientras todos llegaban a vivir a un terreno ubicado en la calle Sofanor Parra en la comuna de Cerro Navia comprado por mi abuelo.

En esta ciudad de Santiago nací y crecí con constantes viajes al sur y en colegios de la comuna de Maipú, en Santiago, en mi infancia y niñez.

En la adolescencia y en la ciudad era apodada como “Maggito” porque según mis amigas que tenía en la comuna de Maipú, poseía una ternura extinta en mis amigas cercanas. Una amorosidad mapuche me han dicho, puro amor también, un küme mongen o buen vivir como persona mapuche creo yo.

Mientras en el sur estaba rodeada de hombres en todas mis hazañas aventureras, jugar fútbol, salir a dar vueltas a la plaza en la noche, fumar cigarrillos y tomar cerveza, ir a recolectar murtilla, maqui, caminar, conocer y preguntar.

Al crecer como mujer la küme mongen entra en crisis en mi más profundo sentir que dicen llamar poesía o newen femenino, se cae y estanca principalmente por las sociedades y las masculinidades que no permiten que esta forma de relacionarse con el mundo se desarrolle.

Esa dulzura y buena vida resulta muy bien en mis espacios de confianza y el hogar, pero yo no creo que se deba mantener en la intimidad, debe estar en el espacio público.

Una perspectiva de derechos y equidad

Considerando todas las descripciones antes expuestas, podría afirmar que en términos de derecho, debieran estar todos hacia la mujer, en relaciones políticas y sociales la masculinidad dominante que se lleva dentro es el problema.

Como mujer mapuche siento en mí todas las demandas, necesito esa amorosidad o mi buena vida, porque dentro de esta están los y las kuifikeche, mis ancestrxs o también podría ser el universo conmigo o yo dentro de él y cuándo esa realidad está, todo resulta bien. Mi percepción del entorno y de la gente es positiva y cuando no es así, me duele la cabeza, tengo insomnio, se me aprieta el pecho, me dan crisis de pánico.

Pero las mujeres nos empoderamos cuando estamos juntas y de todas aprendo, de mujeres mayores, de pobladoras, de académicas, porque visibilizarse y estar en el espacio público, es necesario, por mis derechos económicos, sociales y políticos de las niñas que están y que vienen.

Deseo verme en todas y en ellas. Porque al verme de cerca con las madres haitianas y otras que he visto, las considero muy similares a mí y a mis mujeres mapuches, en sus ojos brillantes, en su sensibilidad cuando están cerca de sus hijxs y en su aventurero desafío para migrar.

Me siento mapuche y haitiana

Creo que a partir de su historia nacional, sus relatos e historias, las mujeres haitianas deben sentir lo mismo que yo expuse aquí. Vivir y existir su cotidianeidad en una aguda colonización, un küme mongen o buena vida construida en la intimidad y una necesidad de visibilización política limitada por un idioma distinto y un instinto que habla para comunicarse con el mundo.