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La “Red de Bibliotecas Populares del Gran Valparaíso” surge durante el 2013, gracias al esfuerzo de pobladores, estudiantes y personas ligadas al campo bibliotecario de Valparaíso. Actualmente, la “Red de Bibliotecas Populares del Gran Valparaíso” agrupa a un total de siete bibliotecas populares emplazadas en la conurbación del “Gran Valparaíso”, las cuales buscan día a día brindar acceso al libro y la cultura a sus usuarios.

Farmacias populares: un camino para sanarnos de la mercantilización de la salud

Por Álvaro Brignardello Valdivia  /  Presidente Asociación Pro Farmacia Popular para Placilla de Peñuelas

La emergencia del modelo de las Farmacias Populares, desde el Municipio de Recoleta bajo el liderazgo del Alcalde Daniel Jadue, no sólo se ha traducido en el acceso a precio rebajado de los medicamentos, en comparación con los precios a los que son vendidos por las grandes cadenas de farmacias, sino que también ha hecho realidad la eliminación del lucro en los remedios y en un más efectivo ejercicio del derecho a la salud.

Las Farmacias Populares no son un mero expendio de medicamentos baratos, como podría parecer desde una lógica meramente economicista. En su concepción, representan una alternativa a la lógica mercantil, que lo invade y lo abarca todo, en una economía neoliberal, evidenciando que existen otros modos posibles y viables tanto para la distribución como para el acceso a bienes y servicios vitales para el bienestar de las personas.

En este sentido, el modelo de Farmacia Popular, más las otras iniciativas puestas en ejecución desde el Municipio de Recoleta, como la Óptica Popular, y que han sido replicadas por otras Municipalidades, entre ellas la de Valparaíso, corresponden a políticas que se oponen al predominio absoluto del mercado en prácticamente todos los ámbitos de la sociedad, instalando la noción, en base a hechos concretos y viables, de que otro modo de organizar la sociedad es posible.

Cuando los sostenedores del modelo neoliberal aseguran que no hay alternativas económicas que puedan disputar la hegemonía del modelo, desde las Municipalidades surgen, a contracorriente de los cantos de victoria del neoliberalismo, iniciativas sociales que ponen el foco en las necesidades de las personas, constituyéndose en evidencia empírica de que podemos aspirar a vivir y a convivir de una manera distinta y mejor a la actual.

Desde esta concepción es que los habitantes de Placilla de Peñuelas, nos hemos organizado para que en nuestro territorio se instale, al más breve plazo posible, una Farmacia Popular. Desde nuestra localidad, creemos que los medicamentos no sólo deben poder adquirirse a precio justo, sin lucro, con acceso universal y sin restricciones de ninguna clase, sino que también deben ser accesibles en el propio territorio en el que residen las personas.

El Municipio de Valparaíso anunció la creación de una red de Farmacias Populares para la ciudad, inicialmente constituida por cuatro puntos de atención, uno en el centro de Valparaíso, otro en Laguna Verde, un tercero en Placeres y el cuarto en Placilla. De manera bastante inusual, en el anuncio realizado por el Municipio, se señaló que las comunidades debían realizar un aporte económico para poder cubrir parte de los gastos de instalación de la Farmacia, monto que para Placilla asciende a un millón y medio de pesos.

Más allá de las diferencias que, de manera legítima, se pueda tener con la exigencia de un cofinanciamiento para esta iniciativa, la Asociación Pro Farmacia Popular para Placilla de Peñuelas, ha puesto por delante las necesidades de la comunidad y se ha comprometido a colaborar para contar prontamente con una alternativa a las grandes cadenas de Farmacias.

Las Farmacias Populares han demostrado que es posible sanarnos de la lógica mercantil que hoy domina en muchos ámbitos de nuestra sociedad y que la construcción de un nuevo orden social, que ponga al ser humano y sus necesidades en el centro de su quehacer, es absolutamente viable, urgente y necesario.

Diversidad y Disidencia Sexual: una peligrosa dicotomía a tensionar

Por Lilit Herrera  /  Escritora y activista política Valpo Trans No Binarix.

Durante lo que continúa siendo un contexto de movilizaciones feministas, han vuelto a instalarse diversas discusiones concernientes al género, a la identidad, a las sexualidades, y acá: debates en torno a la diversidad y disidencia sexual no se han hecho esperar. Y desde mi propia experiencia tanto individual como colectiva en diversos espacios, en donde se han planteado estos tópicos, quisiera aportar las siguientes consideraciones:

En principio, encontrar definiciones/aproximaciones de lo que implican diversidad y disidencia sexual, se vuelve un paso necesario. A este respecto, me hace mucho sentido lo planteado por el investigador mexicano Héctor Salinas, quien sostiene que la diversidad sexual incluye a todas las orientaciones sexuales; es decir: hace suya a la heterosexualidad. Mientras que la disidencia sexual, de acuerdo al mismo autor, es un término trabajado por científicos sociales que se remite a identidades, prácticas culturales y movimientos políticos no alineadoras con la norma impuesta de la heterosexualidad.

Salinas explica que la heterosexualidad es una norma impuesta y en este sentido, es necesario expresar que mediante su aplicación se mantiene el régimen hegemónico, el cual es heteropatriarcal y capitalista; incluso, por qué no, heterocapitalista. La heterosexualidad, no solo como práctica sexo-afectiva, sino que como un régimen, el cual envuelve y nos programa a todes para actuar en función de un sistema que en sí y para sí, es propiedad privada. La heterosexualidad, como régimen: es propiedad privada, sustentada en el amor romántico, y en los tiempos que corren, en las relaciones “libres” sin ninguna responsabilidad afectiva. ¿Y qué ocurre con la homosexualidad? Pues es una categoría para referirse a cuerpos anormales y no reproductivos, pero con el tiempo terminó siendo incorporada al régimen heterosexual mediante la figura del “gay”.

Entonces, si a diferencia de la diversidad sexual, la disidencia sexual no incorpora a la heterosexualidad, no debería conciliar ni con el capitalismo ni con el patriarcado, o, heterocapitalismo y heteropatriarcado (algunas compañeras feministas han venido trabajando el concepto de capitalismo heteropatriarcal). Esto supondría, entonces, entender a la disidencia sexual como como una radicalidad. No bastaría cuestionar las prácticas sexuales, sino que nuestra existencia completa. Sin embargo, es un término que parece haberse encapsulado en la performance sobre una cama, lo que no es menos político, pero tal vez, no es suficiente, al menos no, para poner en tensión a un régimen voraz y asesino.

Con esta distinción, me resulta necesario advertir sobre una situación preocupante a mi parecer y el de otras compañeras: una peligrosa dicotomía que entra en la lógica del binarismo; es decir: dividir nuestra realidad entre lo bueno o lo malo, lo normal o lo anormal. En este punto declaro: abortemos a Platón y Aristóteles, porque el dualismo del primero y los pares de opuestos del segundo; pues no dan cuenta de una realidad mucho más compleja. En este sentido, interesante sería percibir nuestra realidad como un rizoma (término trabajado por Deleuze y Guattari) como una red de raíces, un conjunto de elementos que no actúan en forma jerárquica y que pueden afectarse entre sí.

Desde mi perspectiva, si logramos entender nuestro mundo desde una visión no binaria, se vuelve más simple el establecer diálogos situados. Osea, esto supone evidenciar que diversidad y disidencia sexual no son términos universales, sino más bien, habría que pensar en una construcción desde lo que el feminismo comunitario identifica como “sujeto colectivo” o, en términos más concretos: la comunidad. De lo contrario, se actuaría desde una lógica colonialista, y como sabemos: los efectos en nuestros cuerpos han sido brutales.

Por eso entonces, la dicotomía diversidad/disidencia es peligrosa, pero también, falsa, puesto que fijaría posiciones y establecería debates a priori y a destiempo: quizá, en ciertos espacios sirva hablar de diversidad sexual, porque recién se están despertando conciencias, porque es más comprensible al momento de establecer diálogos, etc; mientras que en otros, por su parte, urja romper con el discurso hegemónico de ésta y sea necesario plantear abiertamente “disidencia sexual”.

Así, a mi parecer al menos, serían posibles los tránsitos de corporalidades que se mueven desde una diversidad sexual en un lugar, pero que en otro se ubiquen en la disidencia sexual. ¿Es esto un doble discurso? No, es ser capaz de establecer diálogos de forma horizontal, sin caer en colonialismos que terminan formando partidos políticos destinadas a succionar la energía de quienes las componen, en vez de incentivar el pensamiento propio y las múltiples posibilidades de organizarse/articularse.

Y me parece que también es peligrosa, puesto que el binarismo implica una polarización, una negación de cualquier diálogo, transformando un ejercicio colectivo en una mera práctica individualista que, a su vez, repercute en lo colectivo: es así que no resulta extraña la emergencia de una policía disidente sexual, cuyo propósito radica en la fijación de criterios para determinar cuáles son los cuerpos disidentes sexuales y cuáles no; y por tanto, estos últimos se transforman en los enemigos a destruir sin más.

Sin embargo, hago la advertencia de que, ambos términos no me acomodan ni me identifican. El primero por su discurso proveniente desde la institucionalidad y el segundo, porque también ha sido cooptada por todo el dispositivo político llamado a veces partido político, otras: municipalidad, etc. Por tanto, me hace sentido ver otras formas más radicales de existencia, organización y articulación de todes quienes sintamos, pensemos y creamos que necesitamos fugarnos de todas estas cooptaciones. Es así que a mi mente llega el concepto de manada, trabajado por ciertas voces, entre las que destaco a compañeras de Ludittas Sexxxuales: el cual plantea destruir, desprogramar y desechar todo tipo de relaciones y afectaciones destinadas a disciplinar nuestros cuerpos y a despotenciarnos en cuanto a nuestras capacidades. De ahí la necesidad de escapar de la familia, de las relaciones en la línea del amor romántico, entre otras.

Finalmente, entonces: tratemos de ir construyendo discursos y prácticas en contextos situados y de manera comunitaria. Lo demás: aborto en la casa y con las amigas, por favor.

Quintero- Puchuncaví, el sacrificio de respirar

por Joel González / Músico, Poeta   /   Profesor, Activista socio ambiental.

No sorprende el constatar como a lo largo de la historia los territorios cambian su fisonomía. Los asentamientos humanos y sus actividades productivas van dejando una huella que en la mayoría de los casos no cautela cuales son sus diversos impactos en los ecosistemas, en el clima y en la biodiversidad, sin embargo, en Chile hoy existen comunidades que no decidieron convivir junto a un cordón industrial, ni a empresas que contaminan, no les consultaron como soñaban el futuro, ni mucho menos se les informó respecto a los inminentes daños y perjuicios que el lastre dejado por el desarrollo sería una carga que tendría costos, muchas veces irreparables, a su salud y a su calidad de vida. Esto es lo que quedó en evidencia el pasado 21 de agosto, tras la masiva intoxicación producida en Quintero, localidad cuyo nombre se debe al Español Don Alonso de Quintero, personaje de una época que relata un territorio fértil, rico en flora nativa, donde incluso durante varios años tras la conquista, sus habitantes lograron surtirse de alimento gracias a las bondades naturales que propiciaron la agricultura y la pesca.

En un principio fueron 30 estudiantes intoxicados con un gas de “origen desconocido” lo que alertó a la comunidad y a la autoridad que decretó la evacuación del Liceo Politécnico y los Colegios Santa Filomena y Alonso de Quintero. Finalmente la suspensión de clases en un estado de emergencia ambiental fue una de las medidas precautorias justificadas por las casi 400 personas intoxicadas, muchas de ellas menores de edad, adultos y mujeres en edad fértil. Han sido 50 años de contaminación emanada de un parque industrial que ha ido creciendo con el tiempo y que a la fecha ya cuenta con 15 grandes empresas en una bahía que incluso en su ordenamiento político alguna vez hermanó a Quintero y Puchuncaví como una solo comuna.

Tras el lamentable episodio, la prensa se agolpó en las calles de la ciudad, la misma que durante décadas en escasas ocasiones había publicado algo respecto a la situación de debacle ambiental vivida en la bahía, llegaron los Ministros, los Alcaldes tomaron el micrófono, llegaron Parlamentarios y el Presidente de la República tomó vocería desde un Estado que ha fallado y que ha sido cómplice benevolente frente al atropello de las empresas que han violado los derechos humanos de una comunidad que ha sido sacrificada con el único fin de mantener este polo productivo bajo estándares que no dan cuenta de las necesidades de quienes habitan el territorio.

Declaraciones apresuradas, informaciones contradictorias, desmentidos oficiales, interés por sacar provecho político, conflictos de interés, denuncias de encubrimiento y directivos de empresas cuestionadas evadiendo cualquier responsabilidad que los involucre en el hecho, sin antes hacer alarde de sus estándares de calidad en un territorio donde todo ha fallado y al parecer ha sido intencionadamente ineficiente.

Lo más visceral y obscuro del ser humano queda al descubierto, de un humano que no solo contamina desde las fumarolas de sus industrias, sino también desde su insaciable ambición y egoísmo. No es de extrañar que este desfile de personalidades se haya presentado como una caricatura surrealista que no se condice con la cruda realidad y necesidad de reparación que demandan los vecinos.

Lo que ha ocurrido recientemente en Quintero no es una excepción, ni mucho menos un hecho aislado, en un país donde las normativas ambientales son en extremo permisivas, donde la participación e injerencia ciudadana en la evaluación de los proyectos no pasa de ser un acto testimonial y decorativo, donde la media diaria de emanación de material particulado y dióxido de azufre sugerido por la OMS es ampliamente superado por la precaria restricción Chilena, en una bahía que ha tenido que soportar sobre sus aguas, sus tierras, en la sangre de sus habitantes, en el aire que respiran, en las vidas que están por nacer, un cóctel tóxico de arsénico, dióxido de azufre, 2-ethilexanol, derrames de carbón y diesel y recientemente metilcloroformo, isobutano y nitrobenceno, por nombrar algunos contaminantes a los que la población de Quintero y Puchuncaví han estado expuestos durante décadas, conviviendo al costado de empresas cuyos “altos estándares de seguridad” siguen siendo a la medida de la precariedad y la inoperancia de las legislaciones y normativas nacionales. 

Evidentemente Señor Santelices, la historia de esta Bahía diezmada por el cordón industrial es mucho más que taparse la nariz ante la amenaza de “olores ofensivos”, sino que es la construcción de vínculos desarraigados por el cáncer y otras patologías crónicas, de pescadores que saben que lo que extraen del mar es el germen de la contaminación de las empresas amparadas por el Estado y de madres que ven con incertidumbre el futuro de sus hijos.

Disponible Welukan N°5

Estimdxs, ya se encuentra disponible el  N°5 de nuestra revista Welukan

Pretendemos que este Welukan sea un medio que contribuya al cambio, a la transformación, pues tal es el sentido y significado de la palabra en mapuzungun, la lengua del pueblo mapuche..

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